Libertad de expresión: tres palabras que son tres títeres.

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El reciente encarcelamiento de dos actores en Madrid ha sido justificado mediante el mantra de “enaltecimiento al terrorismo”. En realidad no se trata de nada de eso, para empezar porque la temática de la obra era otra muy distinta. Lo cierto es que lo que está en disputa es la “libertad de expresión” que se supone gozamos en un Estado democrático de Derecho.

La obra es una sátira política que critica la criminalización de la disidencia política. Por tanto estamos ante un encarcelamiento que es un ataque a la libertad de expresión, en este caso ya no de personas directamente vinculadas a la política, sino a dos artistas, dos actores, dos titiriteros.

Frente a esta aberración es prioritario defender la libertad de las personas presas, más allá de cuestionar si la obra era o no adecuada para niños/as o de apresurarse en despedir fulminantemente al responsable de programación.

Se constata que derechos fundamentales y elementos básicos de la convivencia en una sociedad libre son pisoteados una y otra vez sin el tipo de respuesta adecuada, ya sea en el ámbito político como social, ya sea desde las denominadas “vieja” o “nueva” política.

Cada cesión en el terreno de un derecho fundamental (libertad de expresión, libertad de manifestación, derecho de reunión, etc…) es un paso atrás en otros muchos.

Hoy es un titiritero, ayer fueron sindicalistas defendiendo el derecho a la huelga, antes de ayer la Assemblea Nacional de Catalunya por defender la soberanía plena para la gente de su país, mañana puede ser cualquiera por cualquier cosa que incomode a este poder despótico.


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