Un pacto contingente

Amanece, que no es poco, después de unos cuantos días tormentosos que parecen haber oscurecido algo más que el cielo. Enciendo el ordenador y cargo la web de eldiario.es. La portada la ocupan 5 artículos sobre los titiriteros detenidos por enaltecimiento del terrorismo. Un poco más abajo, el PP de Valencia se desintegra sacudido por los incontables casos de corrupción. Un Rita, se fuerte, habría sonado hueco y retórico a la vez. Con el aforamiento asegurado nadie teme por la integridad de otro de los adalides del milagro español que salta por los aires.

Pero eso no es todo. Mientras el Ayuntamiento y Carmena se disculpan por lo de los títeres, en una muestra de debilidad que le costará cara a ella, a Ahora Madrid y a los proyectos de cambio en general; mientras casi la totalidad de los artículos que denuncian la exagerada actuación judicial contra la libertad de expresión son incapaces de eludir una crítica a la obra de la absurda polémica, algunos situándose casi en la equidistancia (tan horrible es la obra como la actuación judicial, etc); mientras 8 huelguistas se enfrentan a un proceso que nos retrotrae a los oscuros años de la dictadura; mientras todo eso ocurre, según cuenta la maravillosa prensa española en portadas a todo color, Pedro Sánchez aparece con su sonrisa impecable y llama “gobierno progresista y de cambio” a un pacto con Albert Rivera.

¿Nos hemos vuelto locos o qué? Lo grave sin embargo, no es la desfachatez de una clase política que parece empezar a sentirse cómoda con una crisis, de corrupción o de principios, tanto da, que no ha conseguido de momento descabalgarla de sus sillas (del cargo al senado o al consejo de administración). Lo que pone los pelos de punta es ver que tanto PSOE como Ciudadanos crecen en las encuestas de intención de voto gracias a la escenificación de un diálogo en pos de la gobernabilidad y la estabilidad.

Estabilidad, como sabemos, significa que los ricos siguen siendo ricos y los pobres, pobres. Ese es el quid de la cuestión. Podemos despotricar de las encuestas, elevar al cielo la sempiterna acusación de manipulación, denunciar el trato tendencioso de los datos, cocinados convenientemente según los intereses de quien publica, pero a mi modo de ver, no dejan de reflejar una realidad: la absoluta parálisis de la gente de abajo, en un momento crucial en el que la correlación de fuerzas aún es abrumadoramente favorable al poder, económico, político, mediática. Nos quedamos mirando la pantalla viendo que hacen Pablo Iglesias, Alberto Garzón, Ada Colau o Varufakis. Tuiteamos algo de vez en cuando. Discutimos en el bar, o en el círculo, tanto da a estas alturas, si hay que pactar con el PSOE o no. Pero el pacto de gobierno, progresista y de cambio, es contingente, y sólo la movilización desde abajo es necesaria. Sin movilización no habríamos llegado hasta aquí. Sin movilización no seguiremos adelante. Esto no va de un puñado de diputados con “rastas” y diputadas con bebé, va del 15M y las mareas, y de un nuevo sindicalismo de clase capaz de presentar batalla. Más vale que empecemos a tenerlo claro, o en la próxima Semana Santa, Aguirre y Losantos nos correrán a tiros.

Manel Barriere Figueroa, Editor de la revista La Hiedra


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